Ayanis decidió tomar una fotografía en el momento en que se alejaban del perigeo de la Tierra.

Sí, era una taza que llevaba con ella como un grato recuerdo del matrimonio que ella tenía en su corazón; definitivamente no podía emplearse para tomar té o café… Sin embargo, era uno de esos objetos que llevaba consigo como recordatorio de un momento agradable; para ella, ese pequeño obsequio estaba siempre presente en las actividades informativas que desarrollaba.
Igualmente, muchos de sus compañeros de tripulación habían acordado entregar sus diarios al regresar a Tierra —una colección que, sin duda, serviría como testimonio para las generaciones futuras.
Muchos anhelaban verse representados por artistas reconocidos en una película y, bueno, soñar siempre ha formado parte de lo mejor que la gente posee para reflejarse en el futuro.
Algunos cambios se registrarían en la estructura de los equipos; muchas tareas se anexarían a sus labores en la órbita y fue entonces que Ayanis reconoció que de alguna manera siempre tendremos apego a lo que nos vincula a la Tierra, el planeta que ahora aparecía lejano en la fotografía que conservaría en su cubículo.

