Los seleccionados aparecieron en las pizarras; no había nada más que hacer. Los que quedaron fuera no podían decidir que algo los llevaría de regreso al entrenamiento.

Había una lista intermedia de los segundos de abordo; ellos tenían esperanza, asuntos de peso y cambios en el día que resolverían el problema en corto plazo.
Hubo una pregunta que todos teníamos en mente y que era necesario plantearla. La idea tenía un peso relevante, y fue Lucía la persona que la puso en la mesa de discusión:
¿Somos conscientes de que un segmento vital de la población futura estará compuesto por personas mayores? Se nos dice que el peso y la alimentación son los factores clave que influyen en nuestra salud al envejecer; no estamos hechos para rendir como atletas de élite, por lo que debemos considerar cómo cuidar a los adultos mayores. Algo con lo que nuestros padres y abuelos han soñado durante años es viajar al espacio y poder contar con un lugar que los haga sentir parte de lo que somos y hacemos como personas que deseamos preservarnos en algún cuerpo celeste.
El grupo de científicos nos advirtió que lo que estábamos comentando era algo que desde un inicio se había considerado y el profesor jefe del equipo nos advirtió:

Colegas, no podemos avanzar sin comprender el terreno que determina si podemos lograrlo, pero es un paso que debemos afrontar. Los riesgos deben ser mesurables y lo que consigamos a la larga permitirá que avancemos sin poner el peligro a la población de la tercera edad.
Dicho esto, incluso aquí en la Tierra debemos asegurarnos de mantener una salud óptima en la medida de nuestras posibilidades; sabemos que quienes se han cuidado seguirán haciéndolo, y comprendemos las consecuencias de consumir alimentos grasos o un exceso de carbohidratos. Incluso en la Tierra, las clínicas de geriatría y medicina interna reconocen esto como una política de salud preventiva.