Entonces, echada sobre el pasto en algún patio de alguna casa, estaba la mujer que analiza, que relata, la que se toma el tiempo de reflexionar; más adelante descubriremos su nombre… Por ahora, lo que ella mira es un tronco magnífico al que llegan los que anidarán y pasarán la noche, sin acuerdos, sin guía de turismo, sin billete de peaje; solo llegan…

Algunos discuten, otros llevan gusanos en los picos, bocados deliciosos que no compraron en ninguna delicatessen… El árbol soporta todo eso; sabe que hay una hora definida por la propia naturaleza que no necesita de una cuenta regresiva, solo del sol y su vuelta de lo diurno a lo nocturno.
La mujer suspira y comprende que de los árboles y los pájaros hay mucho que aprender. Pero ha llegado la hora en que su cuenta regresiva será efectiva y de la cual no puede escapar; eso implica checar tarjeta en el lugar de trabajo. —Observando a las aves, piensa —esto impone un reto que no es ni para pájaros y mucho menos para árboles.
Una sonrisa ilumina su rostro y reconoce que ella vuela con la imaginación y también vuela hacia su casa para cambiarse, colocándose el uniforme de empleada, si el vuelo es algo figurado… Definitivamente, en modo figurado, es un ave feliz.
Hoy visitaría la sala de control; le darían instrucciones de cómo evaluar los procesos y la gran responsabilidad que todo esto implica. Con cara seria, colocándose el maquillaje y el protector solar, advirtió hablando para sí misma al espejo:
Es ineludible esa cuenta regresiva y todo debe estar en el lugar que es necesario.