Bien, el programa de Netflix puso todo su talento para escenificar Macondo con detalles que leímos en la novela; al final de cuentas, una población colombiana que podría representar a muchas otras en el planeta o tal vez en la idiosincrasia del sudamericano… La realidad es que en todo sitio hay un humano-concepto que se convierte en el homo faber, otro que es el homo ludens y una población con sueños y propiedades de las que forma apegos y le es difícil deshacerse, ya que guardan los recuerdos de épocas anteriores.
Las más grandes motivaciones se envuelven en el sentimiento hacia los otros, en la forma como la vida crea vínculos. Entre unos y otros, familia que se expande y encuentros que no son advertidos.
En Cien años de soledad, el libro que aparece dentro de la trama es el manuscrito de Melquíades, el gitano sabio. Este texto misterioso resulta ser, al final, la propia historia de la familia Buendía y del pueblo de Macondo: es decir, el mismo relato que el lector tiene en sus manos.
Sus pergaminos narran la historia completa de los Buendía, desde la fundación de Macondo hasta su destrucción.

Aureliano Babilonia logra descifrarlos justo en el momento en que se cumple la última profecía.
¿Por qué cabe en el concepto profético el destino de un pueblo?
Definitivamente, los Buendía no pueden escapar de lo que está escrito; cada generación repite patrones hasta la desaparición de Macondo. ¿Te has puesto a pensar en las relaciones sociales que nos llevan a repetir patrones? Si estos están establecidos de determinada manera, habrá quien afirme con propiedad que la conclusión es lógica.
Un llamado de atención del escritor García Márquez quien convierte la literatura en un acto de memoria y destino, donde lo narrado se cumple inexorablemente.
No hay cabida para un final abierto; el destino manifiesto, el echado por las cartas, el que cumple un trayecto, nos marca el final de su historia. El realismo mágico se vuelve dramático cuando entendemos qué relaciones, qué momentos y qué estancamientos y prejuicios concluyen con la historia de un pueblo o de algunos otros pueblos.
A pesar de que el escrito del libro de Melquides está escrito en sánscrito, con claves que solo Aureliano Babilonia logra descifrar. La lectura final ocurre mientras un huracán borra Macondo, sellando la unión entre palabra y realidad. Donde las profecías antiguas y las crónicas proféticas han señalado el final de los tiempos.
Aureliano Babilonia, el nombre igual al de los otros, el apellido una analogía del pueblo bíblico que sufre por sus decisiones erradas de su propia destrucción.
En la Biblia, Babilonia simboliza tanto una ciudad histórica poderosa como un arquetipo espiritual de orgullo humano, idolatría y oposición a Dios. Desde la Torre de Babel en Génesis hasta su representación como “la gran ramera” en Apocalipsis, Babilonia encarna la rebelión contra lo divino y el destino de los imperios que se exaltan a sí mismos.
Al final, él, Aureliano Babilonia, descubre que la mujer a quien tanto amó era su tía. Aquel que fue encerrado y nombrado bastardo, que renace y se enreda en las raíces genealógicas del descubrimiento y la desaparición de lo que se estructuró en el deseo, la magia, la necesidad de progreso y la invasión del ajeno.

En la obra televisiva descubrimos que hay frases exactas a las del libro que nos hacen recordar que fuimos parte del proceso de lectura de un trabajo editorial que ha marcado a generaciones y creado conciencia de realidades alternas.