Darle la espalda a lo que no permite crecer en plenitud, igualmente a todo lo que desvaloriza, a todo lo que nos daña; deberíamos hacerlo a un lado y seguir adelante. A veces es complicado; tenemos que definir qué hacer y cuándo actuar a favor o en contra.

Cuando se repite un acto donde las cosas no tienen sentido, cuando sabemos que un apego no puede ser fructífero, o en el momento que no sentimos que las cosas puedan cambiar, es bueno dar la espalda y seguir hacia otro lugar.
Ir de espaldas es avanzar al futuro, es continuar la senda, es no mirar atrás… Para seguir en aquello que nos brinda esperanza, lo que nos alienta a seguir caminando, y deja atrás el ocio o la necesidad.
Habrá momentos para detenernos, para analizar el por qué seguimos sin parar, si vale la pena no mirar atrás; entonces sabremos que mirar de nuevo girando los tobillos, nos mostrará lo que hemos cultivado y lo que ya se cosechó.
Entonces a lo lejos estarán los que siguen su propio camino, a su paso y su entendimiento, más deprisa o más lento; no importa, cada ser humano tiene derecho al equívoco, al retroceso, al tropiezo y al regocijo de seguir hasta el final.