Casi nadie lo relaciona; incluso nos dicen que es una verdadera ilusión que le pertenece a los idealistas… Bueno, veamos:
Actualmente, la estrategia es una herramienta que proporciona dinero a un grupo o a una personalidad de élite. Los objetivos que perseguimos nos dan poder para el diálogo y para estructurar lo que esperamos de un grupo.
¿Qué vimos en el mundo entero, al menos una gran mayoría de seres humanos en esta época y en este año, y lo vimos hace 4 años atrás?
Una contienda donde, como ha señalado Tales de Mileto:
“Lo difícil se logra con esfuerzo, lo imposible con inteligencia”
Si buscamos lo permanente, no lo encontraremos, sin entender que lo accesorio es parte del camino. Pero la forma como hemos definido el porvenir nos indica algo cada que hay competencias mundialistas.
Son potencias de diferentes países, con equipos de seres humanos de élite, por el hecho de que han entrenado su cuerpo de forma rigurosa para vencer en la cancha o en alguna disciplina deportiva, en el caso de las olimpiadas, o en las contiendas como esta que le pertenece al fútbol.
Muchos futbolistas cobran millones que son pagados por los empresarios que sustentan equipos y empresas de suministro que igualmente son parte de la estructura en los juegos.
Vamos a la analogía:
En pleno siglo XXI hemos demostrado que somos capaces de lo imposible con inteligencia, pero hay un cerco de brutalidad que existe desde hace milenios y se ha perpetuado.
¿Entiendes a qué me refiero? Te lo explico:
De la misma forma que un país cuenta con un equipo de deportistas, también tiene otro lugar de entrenamiento, con otro tipo de personas donde se les educa con estrategia, para algo muy diferente; reciben entrenamiento y de igual forma capacitan a grupos de élite. La enorme diferencia es que ellos no usan un balón, jabalina o hacen canotaje. ¿Ya entendiste? Los entrenan con armas.
Cada año, en algún lugar del mundo, se designa a un grupo de soldados para ir a combatir con los aliados. Para matar a los que no lo son.
De igual forma que los ciudadanos de un país se enardecen porque gana su equipo en una contienda deportiva, lo hacen cuando sus soldados vencen a un pueblo asesinando personas.
Pregúntate: ¿Dónde quedó la inteligencia?
¿No sería mejor reconocer que hay países cuya estrategia les ayuda a ganar contiendas y que merecen poner las cartas de un acuerdo o un decreto sobre la mesa sin derramar sangre, más allá que la de los raspones o las fracturas no intencionales, que las tarjetas rojas y las amarillas?
Merecen la paga, los premios y, sin duda, el respeto de sus entrenadores. Malo sería que les dejaran de pagar porque el acuerdo no favorece los intereses de alguien.

La brutalidad aparece cuando se decide a favor de los soldados y se les da crédito para que asesinen a gente inocente porque no hay acuerdos con sus gobernantes, con relación a lo que hacen los gobiernos de otros.
Eso se hizo hace milenios: ir con tropas a caballo a incendiar pueblos enteros para poseer sus tierras. Plantar con sangre la bandera de una creencia por encima de la otra, que a partir de ahí se considera tierra del enemigo que logró erradicarse, y decidir quién vive y quién debe permanecer en la miseria.
Solo analízalo:
Merece o no el esfuerzo cambiar las reglas y actuar como seres humanos con inteligencia que habitan el siglo XXI. O preservar la estructura que alimenta a la milicia, preservando la total brutalidad y barbarie de siglos atrás.