Tal vez comenzarías diciéndole que conoces a un dios, el único e indivisible, que es el creador del universo… Entonces empezaría una guerra, donde te dirán que eres un mentiroso y que no hay valor en tus palabras, que ellos conocen al verdadero y único señor de los sistemas solares…
Pero no sería así, no al menos en el primer encuentro diplomático. Se hablaría —de ser posible y lograr un entendimiento con una lengua desconocida— de aplicar el principio universal de las matemáticas y entonces hacer algo productivo para ambas partes.
Lo más lógico es reconocer que ya convivimos con ellos y están en el permafrost de los hielos polares, habitan en rocas que llegaron del espacio profundo… No tendremos que hablar con ellos, simplemente respirar y saber de qué son capaces.
Cada año llegan a la Tierra más de 40 000 toneladas de material cósmico: fragmentos de asteroides, cometas y polvo interplanetario que, al sobrevivir la atmósfera, se convierten en meteoritos. Estas rocas son auténticas cápsulas de tiempo que revelan la historia del sistema solar y, en algunos casos, contienen compuestos orgánicos que pudieron contribuir al origen de la vida.
Tal vez esa materia orgánica extraterrestre y que contiene aminoácidos y compuestos complejos nos permite saber que no somos tan diferentes, que es solo en las ideas que nos convertimos distintos los unos de los otros.

Entonces, cuando te hablen de árboles genealógicos, no olvides colocar ahí en las raíces una roca humeante que vino del espacio profundo.
Esa roca que aún vive en ti y que te acompañará a donde vayas, sin importar de dónde vino y aun cuando no puedas nombrarla de una forma precisa como lo haces con todos los que logramos anidarnos en este planeta.
Una respuesta a “¿Qué preguntas harías si encontráramos un planeta habitado? (4)”
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