Hay una membrana que todo lo separa, lo que el humano observa y lo que el espectro percibe entre ambos… Entonces, ¿qué somos y en dónde dejamos de ser o somos de otra manera?
Aclaremos algo vital: No hablo de los “espectros espeluznantes”; esos que no fueron inventados por una sola cultura y que son parte del folclore universal. Cada civilización creó sus propios fantasmas y apariciones para explicar miedos, advertir peligros o transmitir valores.
No me refiero a ellos, sino a algo más común, que no necesariamente conecta con el más allá.
Sino con ese universo que se esconde en la mente de un ser vivo; ahí donde hay pequeñas fisuras que nos llevan a comportarnos de cierta forma en determinados momentos de la vida.

Entonces es ahí donde tienes en la mente algo que puede ser diferente y que no se limita al cuerpo y el sonido que percibes, tampoco a esa ceja levantada por alguien en el momento menos indicado, ese algo que te limita materialmente, pero te lleva al espectro del otro o al que tú sostienes de una forma avasallante.
¿Dónde comienza y dónde termina el espectro?
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