El explorador anciano advirtió a los exploradores ante la mirada atenta del emisario de la carta :
Cuando la abuela de Esperanza contrajo nupcias, solo tenía 17 años; y casi de inmediato se embarazó. Su hija, o sea la madre de Esperanza, también se casó y embarazó muy joven, tanto como su madre, la abuela de Esperanza…
Con solo 34 años ya era abuela de Esperanza y esto es muy revelador.

Desafortunadamente, a los 37 años muere Esperanza; su abuela, entonces, contaría con 71 años en aquel momento y la madre, con 54 años, junto a su marido, una vez que enterraron a su hija, se fueron del pueblo, sintiendo que necesitaban otro ambiente para seguir viviendo.
El efecto que Esperanza creaba en el ambiente para sus padres; el canto de su hija, lleno de dulzura y melodía, reverberaba en cada rincón de su hogar, llenando el aire de una alegría que se sentía sutil y mágica. Desapareció y era doloroso.
La resonancia que generaba con sus pasos por el poblado creaba una huella de felicidad; se mezclaba armoniosamente con el trino de las aves que la acompañaban, creando una sinfonía natural que encantaba a todos a su alrededor.
Ese fluir especial, que no era del todo entendible y que parecía tejer un vínculo especial entre ella y el paisaje que la rodeaba, se había ido abruptamente, y ellos, sus padres, no lo toleraron.
Su ausencia dejó un vacío muy profundo, como si el mundo se hubiera despojado de color y melodía, convirtiéndose en un ecosistema triste y silencioso donde los susurros de la brisa eran lo único que se escuchaba.
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