Realidad e historia es un asunto delicado. Cada grupo la describe de una forma y esto depende del lado del espejo que está observando; ese espejo es el reflejo de lo que sus ideas, tradiciones y creencias han dejado en el alma y los conocimientos del sujeto o el grupo que contempla el asunto.
Lo que existe se debe a todos aquellos conflictos que se han creado con relación a lo que permanece y lo que se va…
A veces no es necesario decir nada para generar una discusión; basta con guardar silencio y dejar que lo que llegó hasta un condado se vaya por sí solo. De igual forma que cierras la puerta o no contestas un teléfono para evitar verte con quien no te es grato.
Todos los pasos en los que se ha frenado la evolución son lazos fuertes que han decidido que las cosas deben ser de una forma y no de otra. Si pudiéramos racionalizar todo esto, veríamos que no es posible sin entender contradicciones dispuestas en cada tramo del camino.
La toma de conciencia de un grupo jamás será la de todos los otros grupos, a menos que se constituyan en una homogénea masa de creyentes. Entonces, toda contradicción sería desechada porque no cabe en la fe que ilumina su forma de vida.
Hay, por tanto, un telar cósmico cuyo tejido resultante muestra un patrón que pretende sostener la continuidad del pensamiento. Tiempo, ciclos y genealogías definen el patrón de un tejido donde cada cruce es la energía de sus ideas y sus mitos; llámalo de la forma que decidas, incluso clama por los mitos y leyendas que han formado espacios en el entorno planetario.

“Todo pensamiento se enfrenta a su opuesto”; al sostenerse en el espacio, permite que la síntesis emerja con claridad.


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