¿Qué contradice lo que tú miras de lo que el otro ve? Posiblemente es complicado entender esto y muchos ni siquiera lo validan; les basta su visión del mundo y con ella avanzan, incluso debatiendo en contra de lo que otros ven.
Pero surgió algo ante la carta que todos habían leído y las primeras observaciones fueron de Jano, cuando les hizo notar algo que ya había comentado el explorador anciano:
¿Recuerdan que vino un hombre de negocios que quiso convertir este espacio en un complejo turístico y no recibió la anuencia del pueblo?
Entonces el explorador que habitaba aquel terruño, de forma afirmativa, aclaró:
Cierto, es bueno que me digan ustedes qué otra cosa han descubierto en los parajes alrededor de estos 14 kilómetros; si lo toman en cuenta como un espacio periférico, hay caseríos repartidos en forma circular. Miren, les mostraré el mapa del territorio que habitamos.

Los exploradores se quedaron mirando unos a otros y en realidad no entendieron qué se les estaba escapando…
Lo que era notable se centraba en aquello que los mantenía ahí, siendo tomados en cuenta por los pobladores, cercanos y lejanos; eso decía algo y les ayudaría a replantearse a qué se refería la carta que los puso a pensar en la visión periférica del entorno.
¿Qué estaban viendo desde su perspectiva y dejando de lado la de otros? En ese momento, observaban un panorama que se extendía más allá de lo visual, un conjunto de emociones, pensamientos y reflexiones que solo ellos podían captar.
Cada uno interpretando la escena a su manera. Este instante se tornaba significativo, lleno de matices que resonaban con sus propias vivencias y expectativas, creando una conexión única con el entorno que los rodeaba.
La naturaleza se presentaba ante ellos no solo como un espectáculo visual, sino como un testigo silencioso de sus historias individuales y compartidas.
Pero no era necesario ir a la alegoría o la metáfora; bastaba con ver el mapa y entender algo que estaba ahí… y algo que no había estado nunca.
Cuando la pregunta fue planteada al explorador, la respuesta fue sencilla:
Así es, eso sucedió muchos, muchísimos años atrás… Simplemente quería seguirse una tradición y utilizar las piedras del montículo para hacer un edificio de culto, y ninguno de los pobladores estuvo ahí para ayudar, o colaborar y extender su mano amiga al que quiso hacerlo.
Como podrán observar, está una corona al centro del mapa y esa fue la idea que elaboró quien supuso que tendría ayuda para edificar algo diferente en la urdimbre ante el portal, pero no fue así.
De la misma forma en que nadie colaboró con el empresario de turismo ecológico. Ya que el empresario arriesga, pero necesita de las manos del que produce riqueza y preserva su idea. No sucedió.
Ustedes han llegado sin imponerse, con deseos de observar y entender qué sucedió en este sitio y cómo es que se ha preservado y por qué… Eso marca la diferencia.
Debe estar conectado para enviar un comentario.