Una carta llevaba un dibujo que el explorador anciano reconoció como uno de los que hacía una de sus compañeras de escuela que años después habría partido a otra población cercana…

Lo que anotó en su descripción fue muy revelador para los exploradores, ya que percibió cómo el pueblo y sus habitantes se movían en relación con lo que sucedía con la bandada de gansos y las rutas que tomaba Esperanza. Pero algo permaneció oculto a los ojos de la mayoría de los habitantes, y ella lo expresó de esta manera:
Si el ganso andaba con Esperanza por las calles del pueblo, era muy común que la mayoría estuviera atenta a ella y su ganso; eran peculiares y gratos a la mirada de los demás. Si se veía a Esperanza sola, sabíamos que el ganso estaría al cuidado de los huevos de su pareja y del grupo en época de crías; definitivamente, cuando el pueblo ponía la mirada en el cielo, sucedía cuando se esperaba la formación de los gansos al migrar.
Pero cuando no atiendes ambos lugares, el cielo y la tierra, posiblemente te estás perdiendo de algo esencial, un aspecto crucial de la existencia que a menudo pasa desapercibido.
Atender hacia todos lados podría llevarte a obtener respuesta a muchas preguntas que años más tarde nos llevarían a sentir esa sensación de lo incierto en la vida de cada uno de nosotros.
Cuando falleció Esperanza, todo cambió. A nadie se le vino a la cabeza entender a ciencia cierta si había alguien que mantuviera los hilos en cierta posición; no solo se debía a una cuestión de curiosidad. Ese anhelo por comprender el orden que regía nuestro entorno cambió para siempre.
La interconexión entre ambos mundos estructuraba un delicado equilibrio, ya que no hubo persona que sustituyera a Esperanza, y todo esto nos insta a reflexionar sobre la naturaleza de nuestra realidad y sobre las fuerzas invisibles que estaban gestándose en el trasfondo.
Quizás descubrimos que, al final, todos estábamos entrelazados en un vasto tejido de existencia, pero cuando un elemento cambió, algo se detuvo y permaneció estático.
Desde mi punto de vista, ella, Esperanza, movía los hilos, creaba una dinámica especial entre el cielo y la tierra que nosotros no comprendimos. Ya que el tejido de la urdimbre ante el portal sí cambiaba de posición, pero no volvió a suceder cuando ella dejó este plano de existencia.
Fue entonces que mi familia y yo dejamos el condado; otros sintieron la necesidad de volver a su patria y quedaron en el pueblo muchos de los que habían nacido en el terruño, no todos.