Posiblemente, cuando nos miramos al espejo, es cuando nos damos cuenta de que nos va a perseguir una profesión o un oficio y nos daremos cuenta sin necesidad de mirar la carta astral o la herencia de nuestros padres. Basta con mirarnos al espejo.

Cuando hayan pasado los años… nos daremos cuenta de que seguimos siendo la persona que en sueños imaginó un camino y lo siguió.

Entonces sabremos que somos lo que hemos elegido y que si el camino tuvo bifurcaciones y extraños recorridos, finalmente llegamos a ese ámbito de sincronicidad que nos dice lo que somos y por qué lo somos.
Él eligió el camino de la simetría; en ese ámbito pudo ser muchas cosas, pero colocó sus herramientas en un sitio donde todas ellas prosperaron.
La simetría es una propiedad fundamental que encontramos en la naturaleza, el arte, la arquitectura y las matemáticas. En términos generales, significa que una figura, objeto o sistema mantiene un equilibrio visual o estructural cuando se aplica una transformación como un reflejo, una rotación o una traslación.
Este concepto no solo es crucial para la estética y la armonía visual en el diseño, sino que también tiene implicaciones científicas significativas, como en la biología, donde la simetría bilateral se observa en muchos organismos, reflejando aspectos de su desarrollo evolutivo.
Además, la simetría puede influir en nuestras percepciones psicológicas, haciendo que ciertos patrones sean más agradables a la vista. En el arte, artistas de diversas épocas, desde los antiguos griegos hasta los contemporáneos, han utilizado la simetría para crear obras que captan la atención y provocan una respuesta emocional en el espectador.
Si llegas a encontrarte con mi amigo Andrés Díaz, sabrás a qué me refiero cuando te digo que le bastó con mirarse al espejo para reconocer lo que la vida esperaba de él.
Debe estar conectado para enviar un comentario.