Nadie nos dice que lo que se vive en otros lugares del mundo nos deja exentos de su experiencia y del temor de no saber si lo que soñamos puede ser realidad en algún instante de nuestra vida.

Desde el espejo que nos reflejan los sueños
Tal vez esa sensación en algunas ocasiones nos impulsa a explorar, a viajar y a conocer diferentes culturas, buscando respuestas en cada rincón que descubrimos. Cada historia que escuchamos de personas que han enfrentado desafíos y han alcanzado sus sueños nos recuerda que, aunque estemos lejos de esos lugares, sus aspiraciones y luchas resuenan en nosotros, conectándonos a una experiencia humana universal que trasciende fronteras.
En otras ocasiones, la sombra es demasiado densa para entender por qué quisiéramos encontrarnos cerca de esos sitios; hay una mezcla de miedo y curiosidad que nos envuelve, y en lugar de enfrentarnos a lo desconocido, preferimos mantenernos a distancia. Los evitamos y no deseamos que nos toquen, como si su sola presencia pudiera arrastrarnos a un abismo del que no podríamos escapar.

Sin embargo, a veces, esa misma oscuridad nos atrae de una manera inexplicable, invitándonos a explorarlas y a desvelar los secretos que esconden, dejándonos en un constante tira y afloja entre el deseo de conocer y la necesidad de protegernos.
Cada contradicción ha llevado a los historiadores a darnos ejemplos de lo que sucede en esos momentos de la vida donde nos han mostrado un abismo.