Aunque la travesía era complicada y a menudo dolorosa, también había una belleza en lo desconocido, una llamada a seguir explorando y descubriendo lo que el universo tenía reservado.

Así, armándose de valor, el navegante decidió abrazar la incertidumbre, permitiendo que su espíritu se elevara con cada brisa del cosmos, en busca de respuestas y nuevas aventuras.
Ellos, el navegante y el segundo al mando, reconocen que hay algo que dicta la gran diferencia entre ellos y la buscarán para un logro mayor…