Al salir del puerto los rodearon miles de pájaros y esto no era lógico. El capitán y el segundo de a bordo solicitaron al vigía que contemplara desde su espacio de vigilancia a qué se debía todo esto…

Recordaron lo que sucedía con los barcos pesqueros, pero en realidad este no era el caso.
Pensaron que posiblemente había mal tiempo en la zona de la bahía y que eso había instado a las aves a seguir un trayecto diferente, pero lo extraño era que seguían a los navegantes. La tripulación estaba azorada y no comprendía las razones por las cuales esto estaba sucediendo; no solo eran aves de mar, también de tierra, palomas y pequeños canarios avanzando hacia mar adentro.
Reconocieron que muchas de ellas perciben la luz ultravioleta y eso tenía que ser inspeccionado; algunos búhos, por ejemplo, localizan presas en completa oscuridad gracias al reconocimiento del tiempo de llegada hacia ellos de ciertos sonidos.
De igual forma, algunas aves migratorias combinan visión estelar, campo magnético terrestre y patrones sonoros del entorno para orientarse. Las aves marinas aprovechan el sonido del oleaje para orientarse y el viento es una de sus referencias especiales.
En este caso, algo estaba definitivamente fuera de rango, fuera de lugar, y el conglomerado de aves les seguía con una inusitada intensidad, como si fueran una procesión que, inexplicablemente, carecía de sentido para cualquiera de ellos. Las aves, en su movimiento coordinado, parecían estar guiadas por una fuerza invisible, creando un espectáculo que desafiaba la lógica del lugar y el momento.
En medio de este extraño fenómeno, los testigos solo podían cuestionarse sobre el motivo detrás de tal congregación, sintiendo una mezcla de asombro y confusión, mientras intentaban descifrar el enigma que se desarrollaba ante sus ojos, como si cada aleteo estuviera cargado de un propósito desconocido.
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