La aprendiz reflexiona sobre lo que recientemente argumentó e infiere:
Analicemos algo que incluso podría ser sumamente útil — asume la aprendiz—. Respecto a la cooperación inter dimensional: ¿Y si en otros mundos, la evolución se basa en simbiosis, en redes de colaboración entre especies o inteligencias?
Tomando en cuenta que he llegado hasta este sitio en la figura del Centauro, donde se reúne lo racional y lo animal. ¿Acaso es posible descubrir que lo esencial no es lo más visible, ni lo más fuerte?
— El mago no quiere que la aprendiz se duerma en una falsa paz ni que se pierda en paranoia. ¿Está enseñándole a navegar el “bosque oscuro” con lucidez, sin caer en extremos?
Entonces, la aprendiz analizó que el universo no era una guerra de depredadores, sino un tejido de silencios que aguardaban ser escuchados. No todo lo invisible es amenaza. No todo lo poderoso devora.
Como hábil tejedora de procesos dinámicos, reconoció que armonizar con el tejido del universo era fascinante y, medito, si era tal como se había señalado que el universo se expande sin devorar…
Sí, acaso la materia se transforma, lo que entra al sitio que había ido a parar, no era un destructor, sino un transformador, posiblemente un creador de nuevos universos… En tal sentido, todo está conectado. La ética cósmica reconoce que cada acción tiene eco en dimensiones que no comprendemos del todo.

Poplawski sugiere que, en lugar de colapsar en una singularidad infinita, la materia dentro del agujero negro podría experimentar un “rebote” gracias a una propiedad del espacio-tiempo llamada torsión, dando lugar a un nuevo universo en expansión.
Los agujeros negros, tradicionalmente vistos como los abismos definitivos del cosmos, podrían ser en realidad los puntos de inicio de nuevos universos. Esta hipótesis no solo desafía las teorías actuales, sino que también inspira una visión más amplia y emocionante del universo como un sistema dinámico y en constante creación.
Quizás, algún día, las respuestas a estas preguntas revelen que los agujeros negros no son el fin, sino un nuevo comienzo, una invitación a explorar los secretos del multiverso.
El Mago advirtió:
Definitivamente, estás contando con toda la información que has aprendido, que has recordado y tal parece que algo de ti sigue atado a la memoria que te une al sitio donde no se cruza, donde no se olvida… Medítalo y refuerza tu energía, de otra forma quedarás en los argumentos de los otros y son diversos y muy bien argumentados, pero solo son eso y ellos no son capaces de ver lo que no es posible ver.
¿Será capaz la aprendiz de visualizar al agujero negro como una matriz cósmica? ¿Le daría la razón a los científicos o constataría algo que no puede ser replicado, comprobado, atestiguado, solo intuido?
La aprendiz, en su tránsito entre mundos, no está limitada por los métodos de la ciencia ni por las certezas del dogma. Ella podría visualizar al agujero negro como una matriz cósmica, no porque lo compruebe empíricamente, sino porque lo intuye desde lo esencial —ese lugar donde la percepción se vuelve símbolo y el símbolo, revelación.
En consecuencia, su mirada no busca demostrar, sino revelar. Ella no les “da la razón” a los científicos, pero tampoco los contradice. Más bien, constata desde otro plano lo que ellos apenas sospechan.
La aprendiz se detuvo ante el abismo. No había luz, ni forma, ni sonido. Solo una vibración que le hablaba desde dentro. No era destrucción. Era gestación. Lo que el mago llamó el umbral; se sentía como un útero. No podía explicarlo. No podía demostrarlo. Pero lo sabía. Cómo se conoce el amor antes de nombrarlo.
Y en ese instante, comprendió que su saber no era menor por no ser reproducible. Era el susurro que antecede a la fórmula. El temblor que guía la razón antes de que la razón lo reconozca.
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