Caí enferma y ahí me percaté de que solo la enfermedad nos puede dejar fuera de aquello que amamos, que nos agrada y que no dejaríamos por nada; en mi caso, es escribir… Fue muy extraño soñar que escribía y editaba textos en sueños, preocupada por leer el final del relato y despertar empapada entre el delirio aturdidor de eso que conocemos como virus gripal.
Más extraño fue descubrir que al entrar al blog, 582 visitas solo de Alemania observaron mi trabajo durante el 15 de mayo… Gracias por su atención, ya que eso no es habitual.
Entonces, ¿cómo miramos los finales, lo trágico, eso que nos detiene para siempre? O aquello que lo hace por un lapso de tiempo considerable…
Medite con calma, puesto que para ningún escritor, por pequeño y poco conocido que sea, la muerte no existe en términos metafóricos; nos vamos, pero dejamos todo lo que hizo brillar nuestra alma en textos de diferentes temas.
Aparentemente, morimos cuando no nos leen, pero ya dejamos una resonancia en las mentes de los que seguimos y nos siguieron, como esas personas que el pasado 15 de mayo dedicaron 582 momentos de su vida para leerme.

Una especie de regalo, cuando todo se caía a mi alrededor con un virus o varios de ellos, atacando mi sistema y poderío vital.
Así que cuando yo me veía en el desierto, en una parte del mundo florecía mi trabajo. Nunca lo sabré; hay depredadores, aduladores y simpatizantes. No puedo dar más información al respecto, solo tengo el dato que me ofrece el blog para guiarme con respeto a los lectores. Es todo.
Lo que es verdad, es que cuando dejas de estar, tus defensas caen, tus argumentos, también dejan de estar. Igual lo que dijiste, y los que quieran preguntar algo, solo podrán especular: ya no tendrá tu respuesta.

El reflejo de lo que te espera, lo único que dirá es:
«Todo lo que has dicho y hecho vale por haberlo hecho, ahora espera».
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