El hombre se retorcía con el ademán de secarse la ropa, de sentirse con frío y titiritar de dientes al momento de tratar de hablar… Para su sorpresa no estaba mojado, no tenía por qué sentir frío y, sin embargo, su ambiente creado por la fuerza de Neptuno lo separaba de la realidad tangible.
Se levantó de aquel revolcón neptuniano enfadado y gritó furioso:
¡Usted es un bocado difícil de tragar!
La mujer lo miró sin dejar de ser sonriente y bien dispuesta al momento, y musitó, como dándole a entender que no necesitaba gritar para ser escuchado:
—Es una buena metáfora, si acaso digiere parte de lo que le quiero mostrar, podré ser un digestivo bocado para su alma. De lo contrario, habrá de regresar a su mundo y rutinas sin ninguna enseñanza valiosa.
El hombre entornó la mirada y declaró:
—No tengo por qué regresar, vine porque usted embelesó mis sentidos y su grácil figura de muñequita adorable.
Entonces la mujer se transformó de nuevo, tomando la forma de una pequeña criatura y con determinación le dijo:

—¿Ahora entiende que si se queda no es para formar una familia, sino para ser el aprendiz de mi magia? ¿Creo que puede ver a la muñequita adorable a quien usted no se atrevería a fallarle y tampoco tocarle, verdad?
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