Porque no le dieron importancia a esto, se debe a la ubicación donde se encuentra; es un lugar que, lamentablemente, ha sido descuidado en comparación con otros espacios.
Las prioridades no le dejaron paso a ser tomado en cuenta, y esto ha generado una falta de atención que resulta preocupante.
¿Qué sucedió aquí? ¿Tenemos pruebas de carbono que verifiquen que estos sitios no han sido visitados durante tanto tiempo o la comunidad los considera embrujados? ¿Qué es…?
Lars despejó la duda con los pocos datos con los que contaba, una fotografía muy antigua donde aparece un hombre que se muestra junto a la pared cubierta de nudos y al pie de la foto su nombre:
L. Arizpe Montenegro.
Lars señaló que su madre era Montenegro, en tal caso su segundo apellido, y esto le hacía pensar que había un lazo o vínculo con dicha persona. A menudo se perdía en reflexiones sobre cómo un apellido podía encerrar una historia familiar llena de misterios y emociones.
Comentó ante el grupo el significado de un nombre y en cómo este podía conectar generaciones pasadas con el presente, incluso a través de un simple apellido. Admitió que podría equivocarse, pero todo esto había dado pie a lo que posteriormente sucedió.
Reconoció que tenía las pruebas de carbono 14 y que podían consultarlas en los archivos que el grupo tenía. De tal suerte que si tres siglos atrás alguien tejió en el muro estos nudos y si llevan a un portal o un umbral, era la tarea que tenían que resolver todos juntos.
Esa tarde los visitaría una persona convocada por el grupo, un anciano que vivía a 14 kilómetros de la zona donde se encontraba el portal cubierto por esa urdimbre de nudos infranqueables.

El grupo lo recibió con gratitud y le invitaron a compartir lo que él supiera de ese extraño monolito cubierto por nudos intrincados…