Hay sembradores y habitantes; esto sucede en todo árbol, dependiendo de su lugar de origen y su medioambiente natural donde habita el árbol.
Todos sus procesos nos llevan a entender que no es solo un árbol, es una estructura dinámica que se alimenta de oxígeno, aire, nutrientes y agua. Cada una de estas partes juega un papel crucial en su crecimiento y desarrollo, ya que el oxígeno es vital para la respiración celular, mientras que el aire proporciona el dióxido de carbono esencial para la fotosíntesis.
Los nutrientes, que son absorbidos a través de las raíces del suelo, permiten que el árbol se nutra adecuadamente y se fortalezca ante adversidades. Además, el agua, un recurso indispensable, no solo mantiene cada célula hidratada, sino que también transporta los nutrientes necesarios a todas las partes de la planta. Así, el árbol se convierte en un organismo complejo que interactúa constantemente con su entorno, demostrando su dependencia de elementos vitales y su capacidad para adaptarse a diferentes condiciones.
Bajo su sombra hay nidos, hongos y musgos; también hay algo místico que la gente encuentra al estar cerca de ellos.

Su sombra ha sido vista como un espacio adecuado donde se encuentra el descanso, la meditación y la revelación; su sombra generosa los convierte en símbolos de vida y protección.