Un regreso consciente al camino recorrido para integrar memoria, sentido y dirección. Es una forma de mirar atrás, no para quedarse allí, sino para entender el trayecto y preparar el siguiente movimiento. Este proceso implica reflexionar sobre nuestras experiencias pasadas, reconocer los aprendizajes que hemos adquirido y, a partir de ellos, diseñar estrategias que nos guíen hacia nuestros objetivos futuros.

Al hacer esto, no solo validamos nuestro viaje personal, sino que también nos permitimos crecer y evolucionar, asegurándonos de que cada paso que demos sea más consciente y significativo en el contexto de nuestra vida.
El segundo al mando señala:
Es el momento en que el hilo se tensa antes de trazar la figura que dará vida a nuestro destino. Este instante, cargado de expectativa y emoción, nos invita a reflexionar sobre el viaje que hemos compartido hasta ahora, las aventuras vividas y los desafíos superados.
Al igual que un artista que se prepara para crear una obra maestra, nosotros también estamos a punto de transformar nuestros sueños en realidad, guiados por nuestra determinación y valentía. Así que, con cada latido de nuestro corazón, avancemos juntos hacia lo desconocido, listos para dar forma a lo que está por venir.