Resulta ser una grandiosa metáfora o algo real, pero con certeza comprendo que es viable adentrarnos en este asunto con el realismo que merece…
Siempre podemos crear puentes y uno de ellos es fascinante: la mirada atenta de la ciencia… donde la filosofía y la metáfora abren un puente perfecto entre lo técnico y lo poético…

De tal suerte, jamás podrás imaginar lo que implica subir una cuesta por un puente colgante, hasta el día que lo haces…
Entonces sabrás que tu aparato circulatorio y motor se ponen a prueba y cada músculo de tu ser sufre el cansancio que nadie te había anticipado; ahí piensas en las consecuencias, en la edad, en lo que no has hecho y lo que podría suceder…
Igual que Edward Lorenz, quien sabía perfectamente lo que hacía aquel año 1961 y la importancia que tienen las pequeñas variaciones en el clima; son condiciones iniciales que empiezan a presentarse como pequeños anuncios, destellos de algo que no es tomado en cuenta con la importancia que merece.
De hecho, cada pequeño cambio puede ser crucial, ya que estos mínimos ajustes pueden desencadenar algo mucho mayor, de elocuente dinamismo, e incluso provocar cambios vitales en el medio en que se desarrollan.
Lorenz estableció así la famosa teoría del caos, donde sugirió que un simple aleteo de una mariposa en un continente podría, teóricamente, provocar un huracán en otro lugar del mundo.
Esta noción revolucionó la forma en que entendemos la meteorología y la interconexión del clima, demostrando que, a menudo, las situaciones más complejas y destructivas pueden tener orígenes sorprendentemente sutiles e insignificantes. Es un recordatorio poderoso de la fragilidad de nuestros sistemas ecológicos y de la responsabilidad que tenemos de prestar atención a los cambios que, aunque parezcan triviales, podrían tener repercusiones globales significativas.
Para Lorenz, todo esto destaca la creación de una ciencia, como lo advierte en su descubrimiento, porque vivimos en un mundo interconectado, donde lo mínimo puede transformarlo todo, absolutamente todo.
Mucho se ha dicho al respecto y este es un buen ejemplo que ustedes pueden leer si consideran que merece ser parte de sus lecturas.
El resumen señala:
En los años ochenta, físicos, biólogos, astrónomos y economistas crearon un modo de comprender la complejidad en la naturaleza. La nueva ciencia, llamada caos, ofrece un método para ver orden donde antes solo se observaba azar e irregularidad, traspasando las disciplinas científicas tradicionales y enlazando especies inconexas de desorden, desde la turbulencia del tiempo atmosférico a los complicados ritmos del corazón humano, desde el diseño de los copos de nieve a los torbellinos arenosos del desierto.
A pesar de surgir de una ardua actividad matemática, el caos es un saber del mundo cotidiano: cómo se forman las nubes, por qué se eleva el humo o cuál es la razón de que el agua se arremoline en los ríos. Caos —ya un clásico de la divulgación científica— es el relato de una idea que espantó y embrujó a los científicos que se dedicaron a comprobarla.
Entonces, reconoces que no puede haber descuidos, que todo lo que programas y ejerces es un punto de partida y un derrotero que te guiará en cada paso. Es tu camino trazado, donde todo lo que haces te lleva a un destino, y de igual forma esta reflexión nutre a los 7 que desembarcaron en las costas de aquel paraje desconocido y por conocer, un lugar que, aunque lleno de incertidumbres, también está repleto de oportunidades.
Cada decisión que tomas en tu trayectoria es como un ladrillo que construye la estructura de tu vida, y esas decisiones, en un contexto más amplio, reflejan las experiencias acumuladas de aquellos siete aventureros, quienes, enfrentándose a lo desconocido, encontraron tanto desafíos como maravillas en su travesía.