Ella tenía un pequeño don, y era consciente de que todos los humanos los tienen, algunos los encuentran antes y otros los descubren de forma tardía, pero ahí están y cobran fuerza cuando la vida nos da pistas…
El detalle especial en ella, residía en que materializaba lo que pensaba de una forma muy especial; bastaba con dibujar lo que necesitaba para que las cosas empezaran a funcionar…

Aquel día se encontraba en la salita del recibidor de su casa y meditó en todo lo que había dibujado… Las imágenes poco a poco habían perdido sentido, algunas eran recuerdos lejanos. Todas le pertenecían, y con todas se había comunidad en el momento que le resultó necesario.
Sin embargo, se dio cuenta de que pronto cumpliría años de nuevo y que eso iba a suceder por un tiempo considerable y que en ese trayecto muchas cosas sucederían y sintió una necesidad especial.
Algo bullía en su mente y nunca había meditado en ello. Llegar al dibujo con un mar y un peñasco enorme le había permitido imaginar los ciclos de las mareas… Lo mismo sucedió cuando aquel gran candelabro cobró vida en ese salón que había dibujado y con la luz que emitió le mostró el sitio al que debía poner atención e incluso viajar.
Recordó que ese viaje fue especial y le dio pistas de futuras historias, pero ahora algo marcaba la diferencia y eso estaba en ella; necesitaba algo impresionista, que al mismo tiempo la impresionara y que le diera pistas de que viviría en los años que aún no habitaba…
Había interrogantes que necesitaban respuestas y se preguntó, preparando la paleta de colores —. Si acaso, con la edad, ella seguiría haciendo preguntas, buscando respuestas o se daría por vencida.

Entonces, decidida, meditó en cuál sería la primera pregunta y cómo se imaginaría en unos años… ¿Qué era primero, la duda que había razonado o la persona del futuro a la que le preguntaría?
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