Nada puede nombrarse si no se conoce, así que todo lo que ya ha sido nombrado, de alguna forma, fue conectado a la vastedad de la mente humana con la que aflora en el universo.

La tarea ante el espejo de obsidiana es meticulosa y detallada, ya que no es posible mirar en él aquello que no conoces y la concentración debe permitir a la aprendiz entender que cada paso en falso debilita su poder.
En el pasado, los tlatoanis utilizaban esta herramienta para conectarse con las fuerzas desconocidas, y la interpretación estaba impregnada de sus tradiciones y misterios rodeados de lo que ignoraban del cosmos.
Para cada alquimista, el rasgar el velo de la realidad palpable implicaba un esfuerzo especial; no podían desprenderse del mundo real y, sin embargo, alentaban su poder para que este diera frutos.
Ahora le corresponde a ella, la aprendiz del mago, colocarse frente al espejo mágico y esperar que su aura aliente a las aves cósmicas a considerarla digna visitante del vasto universo.
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