Aquello que, a la medianoche, te hacía correr al cuarto de tus padres (15)


¿Cuántas veces la luz de la cortina en los reflejos de tu recámara creaban patrones que no siempre resultaban agradables? No las buscas, sucede y es tu mente la que se atreve a mostrarlos. Es como si nuestra mente estuviera estructurada para encontrar orden y significado en el caos.


En realidad, es un fenómeno conocido como pareidolia, proviene del griego Para (que significa “junto a” o “al lado de”) y eidolon (que significa “imagen” o “figura”). Es un fenómeno psicológico intrigante que ocurre cuando el cerebro interpreta estímulos ambiguos, como formas, sonidos o patrones, y les atribuye significados familiares. Por ejemplo, es común ver caras en objetos cotidianos como nubes, enchufes, piedras o incluso en la Luna.


De ahí posiblemente el conejo que los mexicas observan en la luna y que dio origen a la leyenda de que este animal brincó hacia ella…

Incluso nosotros, cuando fuimos pequeños, muchas de estas formas nos resultaban atemorizantes, hasta el momento en que tuvimos la oportunidad de que alguien nos explicara que no había motivo para sentirnos atrapados por un monstruo en medio de la noche.


Otro de esos fenómenos donde nos colocamos ante la responsabilidad de encontrarle sentido al caos se conoce como apofenia, * entonces le damos respuestas a circunstancias inconexas para entender que todo tiene un sentido y que es posible encontrárselo.

Ejemplos hay muchos, ahí está el justificador de algunos retrasos con Mercurio retrógrado, también los podemos encontrar en un disparador en el cerebro que provenga de un olor o la voz de alguien en particular; los mensajes secretos que se ocultan en los billetes de autobuses, pero que solo son válidos si nos sirven para darle forma a una realidad que de otra forma no tendría sentido.

¿Distingues a la bailarina?


Sí, por ejemplo, pensar que si sumas los números de tu asiento en el avión, con el de tu cumpleaños, este viaje será especialmente afortunado. Situaciones que nos dan seguridad y que solo son asideros de la mente ante lo que pudiera resultar azaroso o desconocido.

  • Este término fue acuñado por el psiquiatra alemán Klaus Conrad en 1958.

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