El Faro siempre me ha de recordar mi libro, el tercer libro de «El Relato de la Cruz del norte», esa luz que orienta los navíos y al fascinante Anser que dio los primeros pasos para la creación del Astrolabio y cuyo amor por el conocimiento le permite ascender a una constelación y convertirse en el colaborador más importante de una iluminada que lo sorprende y de quien va a entender que su máximo valor es encontrar en la luz su fuerza y poder.

Intenté que me dejaran subir al Faro, no está permitido por asuntos de la Marina que ha colocado equipo de comunicaciones en la edificación, fue lo que me explicaron y me pareció lógico, sin embargo, me indicaron en la oficina de turismo que si solicito el permiso con antelación sería posible que me dejaran subir. Tal vez me decida a hacerlo más adelante.
De regreso a casa llegan a mi mente mientras pongo orden a mi sitio que estuvo sin mí un rato y entonces recuerdo que me hospedé en la habitación 304 y si lo vemos ante el espejo me hizo recordar a alguien que se señala de continuo en la historia cuando Anser decide enviarle señales de luz al asteroide número 43, y un nombre que claro es el de la mujer que escribe y que sigue siendo la misma (yo) pero pueden ser muchas otras con el mismo nombre que sean conscientes de ese asteroide y les diga algo, y de alguna manera, ellas conecten con una realidad que no se percibe a simple vista, podría ser…
El faro que observa la tormenta: Tercer cuaderno de la serie “El reto de la cruz del norte” Por alguna razón no está en formato electrónico E-Book, y creo que merece una reedición con un nuevo análisis. Sobre todo, porque el faro está compuesto de luz y espejos.
Veamos lo que dice la presentación del libro y a partir de ahí les invito a la reflexión:

Estas son las palabras que aparecen en la página de Amazon:
Este cuaderno lo dedico con mucho aprecio a todos los divulgadores de ciencia que hacen un esfuerzo extra por promover en cada investigación la luz enamorada del conocimiento; igualmente a los investigadores y científicos que no se limitan en la búsqueda de nuevos caminos para descubrir hallazgos sin precedentes.
Y ante todo a un legendario, a quien no le importó perder parte de su visión, al considerar el alto valor de la recompensa: Beber de la fuente de la sabiduría. Su valentía y férrea voluntad por obtener el conocimiento lo convierte en ejemplo para todo aguerrido investigador y científico del planeta.
Priorizar los rutinario por lo trascendente no es algo sencillo sobre todo cuando la vida nos coloca ante la apremiante necesidad de sobrevivir, es por ello que las cultura y la investigación surgen en ocasiones bajo condiciones complejas y poco privilegiadas.
Durante la mañana de este día en casa algo iluminó mi pensamiento de forma especial al recordar el faro:
La reflexión más grande que me lleva a Anser es cuando él afirma decepcionado que puso en alguien todo su tiempo y paciencia y no recibió nada a cambio, él reconocía en la luz un valor supremo y al final de los tiempos esa luz le reconoce y se afirma como su máxima admiradora, por tanto infiero con claridad que no se refería a un mujer, sino a un concepto, donde es fácil comprender que aquello que procede de la ignorancia, lo que no se toma tiempo para recapitular, para revalorar y entender la luz del conocimiento, y desperdicia su espacio en la vida ocupándose de lo fatuo y banal, para Anser, sin lugar a dudas, se traduce en un engaño y falta de respeto al conocimiento que el compartía con el mundo.
Saludos internautas y seguidores, como lo ven siempre hay demasiado trabajo para el que se dedica a escribir
Recordemos:

“Recuerda que el camino del aprendizaje no es algo que obtienes porque lo merezcas, llegas a él, al convertirlo en tu propia búsqueda” Sol
En Amazon se describe:
Triangular la distancia entre las estrellas, es una de las tareas vitales de todo observador del cielo, sin embargo, en el presente trabajo vamos a ver cómo se organiza una red neural en el espacio y a través del tiempo, en un sitio donde nadie es observado de forma física, sino a través de sus energías.
El lugar de observación en este preciso momento es una estrella binaria llamada Spika, para nosotros la dadora de nutriente intelectual y imperecedero, donde todo el conocimiento es atesorado y no todos son conocedores y tampoco son diestros investigadores, pero sí potenciales dirigentes ante el llamado de los iluminados.
Ahí se encuentra la energía de una dama que en vida se dedicó a instruir a hombres y mujeres, niños y niñas de diferentes partes del planeta, ¿cómo fue posible esto? Gracias a su alianza con los que tendieron las primeras redes neurales se pudo establecer de una forma muy dinámica la conexión y la comunicación, que se fue perfeccionando con el paso de los siglos.
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