Quirón e Hipólito se reúnen para hacer los preparativos, han comprendido que los Pegasus deben preservar su libertad, y en el paso que están a punto de dar la encomienda mayor es verter ideas valiosas al mundo, y reconocer que solo unos cuantos entenderán el mensaje.

Hipólito algo preocupado preguntó:
Maestro, has dado más que ningún otro en el camino que alivia el dolor de los demás, has confortado a los necesitados y entendido que el mundo no siempre devuelve bien con bien… Un corazón que se ofrece en el sitio equivocado es lastimado y no siempre por crueldad, sino por la incapacidad para ser reciproco con aquello que se le ofrece. Son cosas que me has enseñado y me pregunto si el mundo en su incapacidad para entenderse podrá con el paso del tiempo ver lo que ellos han aprendido en su viaje por el mundo.
Quirón lo miro reflexivo y contestó:
Hipólito, tú sabes perfectamente que hay fuerzas que pueden desatarse para lograr un objetivo y también reconoces que no siempre lo que te propones es como esperas que sea. El anciano de mar y tierra ha puesto toda su voluntad en dar a los Pegasus su tiempo y enseñanzas, pronto estarán en movimiento a un nuevo paraje con otros recursos y diversas herramientas.
La luna guarda en sus secretos la sabiduría de compartir en el momento perfecto, y de ella esperamos que nos revele mucho más de lo que podríamos imaginar.
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