El mundo se abre a la mirada de algo que les recuerda el pasado, todos ellos están atesorando gratos y melancólicos recuerdos, su visión descansa en la figura de su tutor espiritual, quien les enseñó a andar por la vida y amar todo aquello que eligieron, lo que proyectan y los valores que ellos han adquirido con el paso del tiempo.

Nadie merece más de lo que ha logrado atesorar, nadie es más de lo que ha decidido ser y nadie, incluyendo al anciano de mar y tierra ha dejado de aprender.
Indagar en el conocimiento y los pensamientos de los otros, les permite ser ahora los precursores de un mundo que no espera cambios drásticos y que siente que lo que ha logrado será un paisaje eterno donde crecer y cultivar de nuevo.
Veremos pronto la forma como han de difundir sus ideas y compartirlas con el mundo y recordarán el mensaje de la abeja:
«La naturaleza nos muestra que siempre habrá lugares donde florezca la vida y otros donde sea más difícil. Es importante comprender y aceptar la diversidad de terrenos que existen, pues cada uno tiene su propia belleza y lecciones que enseñarnos.»
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