Tomar conciencia de ciertos acontecimientos necesita muchas veces de aplicarse a situaciones concretas, así que lo que de forma vaga les explico la Madreperla, ellos tuvieron que entender en qué momento era adecuado aplicarlo en su vida diaria y en todo lo que debían compartir con el mundo.

Lo último que les dijo antes de despedirse es que no siempre es necesario poner en las manos del destino aquello que queremos ver que suceda, a veces ni de esa forma da resultado; y entonces agregó:
«Sé que pueden sentirse decepcionados, pero ser realistas en un asunto serio y madura los sentidos.»

En poco tiempo, se encontrarían una vez más en la inmensidad de los cielos, embarcándose en un viaje conocido solo por los centauros y el volcán.
Cada uno de ellos experimentaba una profunda sensación de melancolía y nostalgia al recordar a sus seres queridos y a las familias que habían perdido. A través de las vueltas de la vida, estos entrañables amigos y valientes aventureros se habían unido, compartiendo tanto momentos felices como desafíos. Juntos, conocían la esencia de la camaradería y la dicha que solo se encuentra en la compañía de seres afines.
Al avecinarse la luna llena todo lo que habían compartido en ese lugar quedaría atrás.
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