Entender la magia y sus posibilidades permitió a los Pegasus darse cuenta de su potencial, cada uno de ellos fue tocado con la vara de mando del anciano y de esa forma se internaron a las profundidades del mar.
En ese momento entendieron la fuerza de una poderosa energía que los hizo creer en lo imposible, mirar el mundo desde una óptica distinta y abrirse a un espacio que se les había negado por parecer vedado a sus habilidades.
Miraron los cabellos de plata del anciano flotar en la inmensidad del océano y dirigirse hacia una caverna profunda y silenciosa, su mano les instó a seguirlo y cada uno de los corceles lo siguieron, dando rienda suelta a su curiosidad y la alegría ante lo sorpresa.
Una anguila eléctrica de enorme tamaño se acercó a su vara de mando del anciano y con una chispa la encendió para que pudiera seguir el trayecto en aquella cavidad oscura y profunda.

Un pulpo se acercó a ellos y celebró su llegada hasta los parajes que están prohibidos a muchos mamíferos, entonces señaló:
Todos y cada uno de los seres de este espacio, hemos sido dotados con fortalezas para defendernos de los invasores, pero hay uno que no sabe defenderse de sí mismo y está dispuesto a destruir lo que nos permite la vida.
Todos asintieron comprendiendo de quien estaba hablando…
El pulpo siguió adelante en su disertación y apuntó:
Ustedes están reconociendo lo que deben saber cada uno de ellos, en sus alas y su voluntad está la disposición para verter en sus mentes las ideas necesarias, sea su viaje por las profundidades rico en enseñanzas.
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