Muchas veces cometemos el error de colocar una patina agradable sobre un muro horrible, para con ello centrar la mirada en lo hermoso y borrar lo que es evidentemente un desastre.

Lo mismo sucede cuando tratas de minimizar los errores, defectos y maldad de otros, por ingenuidad o por considerar que merecen la benevolencia qué no se ganaron cuando estuvieron a tu lado.
El verdadero sentido de transformación de la realidad esta en derrumbar toda la yerba qué irrumpe en los muros para quebrarlos desde el cimiento, en encender hogueras donde la hojarasca impide la siembra, mostrar a los otros la verdad de los que dañaron tus sueños y los de tu pueblo y hacerlos trabajar a favor de la justicia.
Si la maldad existe, también la posibilidad de cambio y nadie escapa escondiéndose en un templo, un traje valioso o el maquillaje más eficiente.
¿En que época podría haberse pronunciado algo así?
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