Al nacer lloramos desconsoladamente, se ha rotó el espacio tibio qué nos sustenta, dejamos de coordinar nuestro latido al de la mujer que nos llevó a salvo y velo por nosotros.

Al crecer rompemos los límites qué nos dieron estructura para salir a nuevos territorios y encontrar la manera de hacerlos nuestros, el desconsuelo puede ser parte del reto, también la aventura y los nuevos apegos…
La vida señala horas y tiempos para decir adiós a todo tipo de apegos, habrá un momento que aquel que nos mira de frente, cambiará de aspecto, dejara la lozanía convertida en recuerdo, aprendamos a dejar lo que nos nutrió y arropó porque nada es eterno.
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