La noche es uno de los más interesantes momentos, donde el mejor regalo es el silencio, es la ocasión para meditar y revisar el día que tuvimos.
Aguzar el oído y reconocer al gato que se ha puesto al acecho de un bocado, a las ramas de los árboles qué se animan al susurro…
No hay ronquidos cercanos, tampoco pájaros cantando, tal vez un motor de arranque en la distancia y el alboroto de los perros a su paso…
El silencio se rompe y rasga la capacidad de concentración del desvelo y de prono una voz interior delata al fantasma qué habita en el alma, bien es tan silencioso qué a nadie espanta…

Date la vuelta e intenta dormir qué hay demasiado ruido en el silencio para alertar a la calma.
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