
Cincel o espátula, imagina tu texto como una escultura…
En muchas ocasiones te das cuenta de que el trabajo que has emprendido tiene muchas aristas y no quieres dejarlas como cabos sueltos, sin embargo, algo no cierra adecuadamente y deberás comprender que no todo depende de ti.
Ahí es cuando el trabajo del maestro es necesario, el grupo ya se partió contigo la cabeza para analizar lo que se debe decir, sin la menor idea de que hay canales de comunicación que son puentes y no necesariamente estaciones de servicio.
Entonces sucede la magia, el maestro aparece y decide que todo debe ser puesto sobre la mesa de las discusiones para resolver lo que te compete en el texto y aquello que ya no es necesario.
Has puesto el bloque de roca y con él todos los detalles que has pulido y sabes que, si te quedas con el cincel en la mano, vas a echar a perder todo, sólo el maestro sabe que lugar es el más conveniente para dar el golpe certero y quitar los trozos que no permiten perfilar tu idea.
¿Quién es el maestro?
Siempre será la persona a cargo, quien sabe lo que es conveniente y por supuesto alguien que ya pasó por eso en algún momento de su vida, no aparece de forma constante no es el maestro de una escuela de pupilos, sino alguien que solo lo hace cuando es en verdad necesario.
Nunca olvides que en ocasiones tú mismo has de ser esa persona, analízalo.
Saludos lectores y nos escuchamos o leemos en la siguiente, hasta pronto.
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