En cada momento que transmitimos ideas a otras personas y recibimos de ellas una respuesta empática, entendemos que es posible enaltecer el espíritu y conectar con objetivos afines.

Ninguno de nosotros nace con el conocimiento servido, somos un amasijo de nervios y de talento que debemos saber modelar, si el taller del que hablo es literario, cada palabra modelará una historia, si acaso es artesanal, habrá de pronto unos golpes de martillo que no te esperabas y que pueden ser dolorosos. Toda labor impone retos y si la tuya es dedicada y algo frenética, observarás caminos interesantes para continuar; que nos llevan de la mano por veredas que elegimos y aquellos que nos impone la sociedad en algunas ocasiones.
Sea entonces el encuentro con el tallerista de ilusiones, sueños y destrezas el que enaltezca nuestro espíritu, entendiendo que habrá quienes estén demasiado preocupados por saber si son aceptados en sus trabajos, logros y creaciones… Es bueno advertir que tu quehacer te convierte en un tallerista del espíritu y no todos han de conectar con él de igual manera, así que dejemos que la vida nos sorprenda estimados escritores y lectores.
Reciban mi saludo y nos vemos en la siguiente entrega
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