Los sueños son en ocasiones verdaderos senderos de luz de la realidad que nos antecede y nos abre los ojos al camino que andaremos más adelante, sentir miedo de lo que ha quedado atrás no es la mejor forma de llegar al abismo.

Es el camino de lo desconocido, es el umbral del miedo y el terreno de lo vulnerable; han pasado los años y la vida se va, nos deja un sopor de cansancio al despertar por las mañanas, esa sensación de vacío, de no tener deseos de seguir adelante, pero la vida nos insta a ser lo que ahora somos y poner energía en las pasiones que nos han de acompañar por siempre.
Llegará para todos un momento de total silencio, un espacio que todos le han puesto títulos y nadie quiere cerca…
Ese último trayecto en el que nos despojamos de horarios, tiempo, cuerpo y memoria, ese trayecto del final es tan novedoso y extraordinario que no podríamos imaginarlo de no tener en cuenta que a muchos otros les ha llegado pero no regresaron para contarlo.
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