Entre los destellos que desvanece el filo de la luz como una navaja filosa en el umbral del amanecer, se va quedando el silencio inmenso, inconmensurable de la penumbra en mis días, agotados de esperar una solución, alguna alternativa para acallar esta atormentada idea del futuro.
Entre la vida y sus glorias teñidas de luz, un fantasma crece entre la luz y la sombra, va ganando territorio, va formado de angustias y silencios, de territorios a medias y sombras que se adivinan amenazantes.
Es el momento de la Luna Llena y en ella hay una destello de esperanza para poder conectar con lo que yo no puedo percibir con claridad…
Un vacío profundo es el futuro, un afán de búsquedas y logros se limitan, un inmovilizado ente se arropa cerca de un infinito silencio; acallar las voces del silencio que amenazan mis días y noches, la forma de ver el mundo y de adivinar el futuro ahora es otra y entenderla, cuesta.
Me propongo poner en la luz de una vela la esperanza que no veo y que aparentemente no me señala mejores momentos…
Pero algo clama en mi interior, algo me dice que sola no estoy y eso es revitalizante, siempre hace falta saber que hay ayuda, que hay amigos, que hay serenidad y calma para afrontar el vacío de luz y el sordo hallazgo de un mundo sin brillos y luces.
La vida no se agota, la vida sigue, sus límites son ajenos al regalo de latir de corazón y alma. No hay mayor límite que el que nos deja angustiados y apesadumbrados, sin embargo, aún tengo la vida avanzar es un compromiso constante, junto a todos aquellos que saludan al mundo como yo, cada amanecer ellos siguen los pasos del sol y el atardecer, aún sabiendo que no todos lo vemos igual.
Aparece un cisne y con él un mensaje ese mensaje cordial que nos señala que la vida acompañada del espíritu de la belleza interior es un aliento para el que ha decidido creer en lo que ha de venir.
Imágenes con filtro libre de PicsArt de la autora: «El mensaje que nos envían las velas»