Uno de los pasajes del cuento corto En busca del Guarumbo

Entretenida en sus pensamientos dio un sobresalto cuando golpearon a la puerta, era Jova para avisarle de la cena.
No, no tengo hambre mujer, pero deja algo en la mesa y luego voy si me apetece, te puedes ir a dormir.
Como quiera Gabina, pero lo que hice se come caliente y a lo mejor cuando lo mire en unas horas ya no se le antoje…
No importan Jova, lo caliento, no soy tan inútil te lo aseguro. Descansa, mañana tienes un día pesado, entre tus cosas y esta casa, tu vida se ha vuelto difícil, ve anda sueña con lo que te gusta.
Buenas noches patrona, suerte. –Quedaron clavadas a su mente las palabras de Gabina, algo estaba cambiando en ella y bueno para Jova, después de año y medio en esa casa, cada detalle era importante, había tratado con una amargada sin remedio, que se dirigía a ella con monosílabos y en ocasiones ni una frase esperada detrás de la puerta o después de una esmerada comida.
El chirriar de los grillos se escuchaba a lo lejos, alguno que otro auto y de repente hasta una moto, pero nada quitaba la atención a Gabina, quien seguía su búsqueda de pócimas, entre recuerdos, afiches y fotografías, estaban los encajes, a Gertrudis le gustaban, los usaba de diversos colores, recordaba entre suspiros su nieta; en sus años mozos Elia se confeccionaba cuellos y arandelas, con lo cual lucía diversos modelos de encaje en sus vestidos de manta y algodón, eran reliquias que a Gabina no le agradaban, su abuela gustaba de ponerle cuando niña esos afeites pero nomás creció los hizo a un lado, no le gustaban, pensaba que era una moda añeja.
Ahora se los ponía en la cabeza, a un lado de la blusa, dando giros se miraba al espejo y pensaba en su abuela con cada retoque y vuelta de todas aquellas cosas atesoradas por tanto tiempo, de esa forma se vestía de ella y la sentía más cerca de la adorada viejecita.
Al fin entre los recortes de las revistas y los cuadernos donde explicaba los usos de algunos remedios, estaba el papel con una receta del uso del guarumbo, según explicaba su fuerza estaba en mezclarlo con tabaco y trazas de chichibet, envolverlo en hojas de papel de arroz y dárselo al sujeto en cuestión a fumar.
Ahora sí abuela que ya me jodiste, cómo me voy a encontrar al Anselmo para darle a fumar el embrujo, esto no va, no va…- Tensa y preocupada arrugó la hoja de papel con las palabras de Elia Gertrudis-
Con rabia azotó la puerta del cofre de leñosa madera y se largó a la sala a fumarse un cigarrillo y servirse una copa de ron oscuro, el primero le ardió en la garganta, lo había tomado de golpe y de un solo trago, el segundo, no se lo pudo servir… pero no le dio importancia estaba absorta en las paradojas del destino, no entendía como iba a resolver su dilema: “Esto no es posible, debe de haber otra forma es desgraciado ha de pagar su desdén. No voy a ceder hasta encontrar la forma” –se decía Gabina- se fue a la hamaca, a fuerzas del vaivén poco a poco calmó su ánimo alterado, al menos momentáneamente.
Era de día, justo al despuntar el alba, Jova se levantó para preparar el desayuno y dejar todo listo, enojada miró como una sucia cucaracha disfrutaba de la cena que Gabina no había siquiera tocado…
¡Me lleva, cómo voy a tener limpio aquí sí esta mujer me bota la comida así como así! Es una pena, hay gente en el pueblo que no tiene ni para tortillas y ésta desperdiciando todo…
Ya te oí Jova, dale con tu espíritu de humanista, qué más da era un plato de salbutes, mira para que veas que no soy desperdiciada, hazme unos para el desayuno y ya te puedes ir, se ve que estaban sabrosos.
No me dore la píldora Doña Gabina, pero en fin, hágale como quiera, la verdad es que la que se va a poner más flaca es usted…
Esta bien, Jova, ya no me presiones, es difícil vivir con este pesar y encima de todo esto, me echas en cara que no me como lo que me das, ¡ya!
La mujer de Dzilam se fue refunfuñando hasta la cocina y preparó con diligencia la comida para Gabina, ésta comió de buen grado, como reflexionando un poco en las palabras de su acompañante y cocinera.
Jova se fue toda la mañana, estuvo en casa de Nicté, la mujer tenía muchas cosas que contarle, sobre todo hablaron del intento de embrujar al Anselmo, la propia Elia, sabía que ese hombre no era para Gabina. Y con el paso del tiempo su desolación la orillaría a pensar distinto.
-¿Viste a Elia, Nicté-ha? ¿Acaso eso es posible con la fuerza del guarumbo?
– No, es algo distinto es un asunto sensorial que no todo mundo puede apreciar es una suerte de varios elementos, donde se reúnen los sentimientos que una guarda de una persona y las cosas que aprendió de ella con el paso del tiempo, es algo impreciso para la mente que no es hábil en cierto tipo de percepciones, pero Gertrudis cuenta con habilidades innatas y con algo especial que le da fuerza ante Gabina, los propios genes que comparten por ser familiares y si bien ella no posee habilidades para la hechicería como hubiera sido el gusto de la abuela, es una mente abierta que puede ser captada con facilidad por la intensa energía de Elia. De eso podemos estar seguras, como un crío en manos de su madre, Gabina ha de retornar a la vida.
-¿Cómo es posible algo así?
– No puedo decírtelo con detalle pero se que ha de suceder, de hecho ya debe haber cambios en las actitudes de Gabina, eso percibí anoche al tener ese encuentro especial con los sentimientos de Elia.
Trabajo premiado por el Ayuntamiento de la ciudad donde resido.
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