El escenario de los sueños rotos, cuento corto…

Side Chair

Erase una vez en el vestíbulo de algún sitio lejano que alguien decidió colocar en un escenario los sueños rotos de las personas que se los quisieran prestar o regalar, con la única intención de ver que tan importantes podían resultar a la vista y oídos de los demás.

La idea parecía el evento de un trasnochado locuaz, sin embargo, al lanzar su convocatoria y difundirla en los medios  el resultado fue sorprendente;  solamente se solicitaba un correo electrónico con la redacción en una cuartilla de los sueños que se le habían quebrado a la persona que respondía, podrían ser varios sueños, encabezando la lista el más importante de ellos a la consideración del desesperado redactor, llovieron las respuestas.

Reunió a un grupo de colaboradores para clasificar las cartas que le habían llegado,  ahí se encontraban los más diversos sueños rotos de las personas en un mundo real, muchos de ellos anhelos surgidos de la necesidad y la impaciencia. Algunos eran verdaderamente insolentes, como querer ser presidente, o aquel de la señora que quiso ser astronauta, solamente para comprobar si el espacio sideral era un sitio alegre.

También estaban los sueños de personas que anhelaban reunir a sus familias dispersas en dos o tres continentes, aquellas que hubieran querido estudiar una carrera que se quedó trunca por necesidades imperiosas de llevar dinero a sus hogares,  también los sueños de adolescentes que perdieron a sus padres en alguna guerra o accidente y deseaban imperiosamente tener alguna señal de que ellos estaban en un sitio mejor.

Sueños tan imposibles como revivir a la abuela o al perro de la familia que hacía las labores de apoyo para un familiar ciego; aquellas donde un bebé no llegó a la pareja que tanto lo necesitaba y otros donde las  enfermedades malograron la felicidad de una amante solitaria.

El día del estreno  para dar lectura a todos estos sueños rotos, el teatro se encontraba abarrotado de  grupos altruistas que se dieron cita para ver si podían apoyar a los oradores, de curiosos que querían reconocer entre los expositores a la persona amada, olvidada con el paso del tiempo, al amigo que les debía alguna visita o el pago de una deuda.

Al abrirse el telón simplemente se encontraba una silla hasta donde llegó una persona a tomar asiento.

El la invitación de mano estaba un listado de preguntas para los asistentes, cada uno de ellos mientras esperaba que iniciara la función leyeron con cuidado y curiosidad lo que ahí se exponía:

1.- ¿Has venido para encontrar a alguien, que hace tiempo no ves?

2.- ¿Llegaste por la simple curiosidad de conocer los sueños de otros?

3.- ¿Eres familiar de alguna de las personas que sabes nos envió sus sueños rotos?

4.- ¿Has hecho acto de presencia por ver si se menciona alguno de los sueños que enviaste?

5.- ¿Quieres ayudar a cumplir un sueño roto al azar o alguno en especial?

El hombre delgado con actitud apacible que llegó hasta el lugar dispuesto en el plató, agradeció a los presentes y colocó una ánfora con todas las cartas que le fueron enviadas, de inmediato solicitó a los presentes que de grupos de cinco se acercaran a las urnas y tomaran una de ellas, cada persona sin el menor titubeo se acercó y se llevó una de las cartas ahí encontradas, después solicitó que sin leerlas en voz alta decidieran por propia iniciativa y criterio el nivel de importancia que le darían a cada una de ellas.

Cinco personas salieron de detrás del telón y colocaron cada una de ellas cinco cajas de diferentes colores con los números del uno al cinco. Todos en silencio observaban a las personas que leían con curiosidad, algunos con  indiferencia, otros con asombro en sus miradas, todos en silencio observaban como eran colocadas las cartas en diferentes ubicaciones de acuerdo al criterio de sus lectores.

El proceso tardo algo más de hora y media, cuando el hombre delgado de tez pálida solicitó que dejaran de acudir a la urna por más cartas y llamó la atención de todos, la gente se agolpaba para subir al estrado, querían seguir adelante, no dejar una sola de las cartas en la urna, darles a todas su lugar de prioridad e interés en los cajones numerados; pero el hombre dijo con seriedad y actitud inmutable:  «Estamos apenas en el primer eslabón de la cadena, debe ser así, la idea es detenerse ahora y continuar después con lo que falta»

Todos retrocedieron calmados, reconciliados, y obedientes a la estrategia del iniciador de esta propuesta. el varón sin más explicaciones llamó a los grupos de organizaciones altruistas y les entregó el cajón de la máxima prioridad.

El segundo cajón lo dejó en su sitio, el tercero al grupo que levantara sus manos, un grupo no menor de diez personas y el cuarto cajón a las personas del ayuntamiento, el quinto a los periodistas y el segundo cajón se quedó inmóvil ante la mirada expectante de los otros.

Cuando comenzaron a leer el contenido del primer cajón las personas de las asociaciones altruistas se dieron cuenta que no había material suficiente para relacionarlo con las actividades u acciones que ellos atendían habitualmente, el grupo de civiles que levantaron la mano para hacerse del tercer cajón, dijeron que todos los sueños rotos ahí encontrados eran ilusiones y pasajes muy personales de la vida de los demás que poco podrían hacer con su contenido, sin embargo veían que era sensible a los corazones y oídos de todos los que compartieron sus historias.

El cuarto cajón en manos del personal del ayuntamientos, decidieron que algunos de los contenidos de las cartas, eran sueños donde algunas personas podrían ser canalizadas a la atención médica o a las sociedades benéficas que en el presente o pasado hubieran sido el canal de apoyo a la que los redactores acudieron.

El quinto y último cajón causó gran impacto entre los periodistas, la mayoría consideró que las historias ahí vertidas eran en verdad testimonios de vida dignas de difusión, cada una de ellas al llevarse a las redacciones de los diarios cumpliría con una función alentadora para los que las escribieron u desde luego daban una dosis importante de concientización entre la población cansada de no ver realizados sus ideales, habían acudido a ese lugar para buscar alguna alternativa viable a sus demandas  de justicia, ante asuntos sin solucionarse.

El hombre delgado de sonrisa apacible entonces dijo: «Veamos ahora lo que contiene el cajón número dos»

Solicito la presencia de Evaristo Lujambio, el nombre del remitente de la carta ahí depositada… Pero Evaristo no estaba presente para poder leer su propia carta y argumentar el por qué de su importancia y se regreso al cajón, de esta forma doce cartas solicitaron a sus respectivos redactores, sin obtener respuesta.

Antes de reconocer al remitente de la carta numero 13 el varón delgado de mirada apacible, se dirigió al auditorio y les preguntó si querían seguir con el método anterior, de elegir las cartas y depositarlas en las urnas en relación a su importancia. Hubo un silencio total, la gente se preguntaba si el dejar en el cajón numerado con el dos, algunas de las cartas no causaría conmoción en los solicitantes, el que sus cartas llegaran a ese sitio les impediría lograr que sus sueños rotos dejaran de serlo.

El hombre que les había invitado y convocado en ese teatro, argumento que muchos de los sueños rotos quedarían así,  a pesar de los esfuerzos por que dejaran de estarlo sería imposible cumplir con todas las peticiones de las personas involucradas.

En el teatro subía el murmullo de las personas que asistieron muchas de ellas impacientes ante la respuesta del varón de mirada apacible. De entre el barullo apareció una mujer de mirada serena que solicitó dirigirse a la concurrencia:

«Yo perdí una pierna, pero no necesito una mejor prótesis, perdí la oportunidad de correr en el triatlón, pero no necesito hacerlo, ni entrenar a un grupo, simplemente es un sueño que se quebró de forma irremediable, el sueño de correr y ser deportista, era mío y como tal nadie más podría estar en él para que yo lo sintiera propio» Tiene razón el caballero que nos ha reunido en este teatro, no todos los sueños se cumplen.

Otra persona solicitó el micrófono y dirigiéndose al público les dijo que él había perdido la capacidad de entender a los demás, ya que el mundo se había convertido en un lugar difícil  de comprender, donde la gente se interesaba más en los bienes materiales que en la existencia del vecino o el sufrimiento del que no tiene qué comer.

Varias personas pesimistas y con tristeza en sus rostros reconocieron los argumentos de los demás y asistieron que nada podría cambiar y en ese preciso momento el hombre de mirada apacible solicitó a los que habían recibido alguna de las cartas que hiciera todo lo posible por reconstruir la vida de las personas a las que pertenecían las cartas que les habían sido entregadas y les daba el plazo de 6 meses para realizarlo y volver con las experiencias de vida que el esfuerzo realizado les brindara.

Al término del plazo marcado no todos regresaron, algunos volvieron con la esperanza rota al no poder encontrar con vida a las personas que se habían dado a la tarea de ayudar, otros más se decepcionaron ante la negativa de los familiares que necesitaban colaborar para que el sueño de alguien se hiciera realidad y dejara de  ser un sueño roto.

Algunos buscaron medios económicos para poder cumplir con los sueños que les fueron encomendados para el remiendo, no  fue posible el logro con  tales financiamientos, algunas personas se  vieron necios en medio de una idea disparatada, otros más como oportunistas a la caza de una recompensa, la mayoría que solicito estos recursos se quedó con una rotunda negativa por parte de los que podrían hacer algo para colaborarles.

En el camino los periodistas ganaron popularidad al difundir la vida de las personas implicadas, algunos las llevaron a guiones cinematográficos, no resolvieron la vida de estas personas, pero les hicieron menos tediosa la vida al ser reconocidos como los protagonistas reales de la historia que se hizo taquillera y reconocida en pantalla.

Las asociaciones altruistas, terminaron ayudando a un número importante de personas, pero no todas pertenecientes a los grupos de inicio,  la gran mayoría eran personas con similares carencias y necesidades que lograron agruparse para solicitar apoyos y legalizar documentos, o simplemente reunir insumos, víveres y diversos materiales  para colaborar con dichos grupos.

Pese al panorama tan disperso que se generó después de la invitación del caballero delgado de  mirada apacible y, mucho más frágil de salud después de la travesía impuesta ante el ritmo de los acontecimientos, éste volvió a lanzar una convocatoria para reunir a las personas que habían enviado sus cartas, aquellos que  habían colaborado en sus reconstrucciones de anhelos y los que dispusieron de sus misivas para difundirlas y lograr con  ellas diversas acciones.

Esta vez no les entregó un cuestionario, sino un archivo en blanco dentro de una memoria flash donde todo aquel que quisiera plasmar su experiencia particular lo pudiera hacer y difundirla en los canales que los propios periodistas habían abierto en el pasado.

Para ese momento  en que se volvieron a dar cita en el teatro, solamente un sobre quedaba en la urna numerada con el cuestionable DOS; al extraerla de dicho cajón el hombre de mirada apacible y salud frágil dijo al auditorio ahí presente que esa carta, dejada al azar en la caja, sería aquella que lo comprometía a cumplir el sueño de la persona que la escribió.

Todos guardaron un expectante silencio cuando el varón rasgó el sobre y dio lectura al sueño roto de una niña que había perdido la inocencia al verse envuelta en una guerra, que había presenciado la muerte de sus familiares y necesitaba con ansiedad poder encontrar la forma de volver a sonreír y creer en la humanidad, pensar que la esperanza y el ejercicio de la libertad no era algo imposible de encontrar.

Todos ofrecieron su apoyo al varón de mirada apacible, albergar a la pequeña en un nuevo hogar, darle educación, convivencia con  niños que habitaban sitios del mundo que preservaban la paz y la armonía. Por toda respuesta el hombre de frágil salud y apacible mirada dijo que no podía aceptar la ayuda de nadie, pues la encomienda era definitivamente su trabajo y misión.

Tal vez el varón de mirada apacible y delicada salud que conocí hace años, no pudo sanar del todo mi dolor ante la muerte y tragedia  que en mi infancia experimente, pero me ha dado un motivo para vivir para creer que el escenario de los sueños rotos puede ser una forma muy especial de crear en la conciencia colectiva el interés en los otros.

Hoy visito el vestíbulo del teatro donde mi padre adoptivo inició esta propuesta creo que las urnas deben ser colocadas con cierta periodicidad y la silla que usaba mi padre debe quedar en la memoria de los que visitan este lugar, donde tal vez no todos los sueños rotos se pueden remendar, pero sí la forma de pensar de mucha gente.

Side Chair by George Jacob Hunzinger is licensed under CC-BY 3.0


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